Ashely Anahitzy Vega Maldonado, 13, posa con un retrato que le hizo a una bailarina de ballet. A la estudiante de Ontario Middle School le encantan la pintura y el ballet, y sueña con convertirse en actriz y modelo cuando esté grande. (Liliana Frankel/The Enterprise)

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ONTARIO – Ashely Anahitzy Vega Maldonado llegó desde su pueblito en México en 2017 para entrar al cuarto grado en Aiken Elementary School. 

Vino para reunirse con sus papás, quienes habían llegado al Condado de Malheur años atrás para trabajar en una lechería en Ontario. 

Aunque Ashely siempre había sido tímida – “desde bebé,” dijo su mamá, Mariana Maldonado – en la Aiken le complicó más hacer amistades. 

En su escuela en México le habían dado clases de inglés, pero no eran nada intensivas, y ahora estaba hundida en el lenguaje por la primera vez.  

Todo era distinto, hasta las cosas que según Maldonado debían de haber sido iguales, como las tablas de multiplicación que se escribían distintas a la forma de escribirlas en México. 

“Le digo que ella se las sabe pero se las sabe al estilo Mexico,” Maldonado recordó. “Sí se revuelve uno al traer un estudio y ver otro.”

Sin embargo, Ashely aterrizó en un distrito escolar que tiene un compromiso fuerte con los estudiantes como ella. El Distrito Escolar de Ontario ha sido alabado por su labor en este aspecto, y el espíritu innovador que la inspiró ahora ha sido necesario para auxiliar a los estudiantes de inglés durante el tumulto de la pandemia. 

Recientemente, los maestros, consejeros y administradores de escuela se han enfocado primeramente en cumplir las necesidades diarias de todos sus estudiantes a lo largo y ancho del distrito escolar, pues saben que esta atención representa la única esperanza que tienen de recuperar lo que han perdido en las aulas. 

Un giro pedagógico

En 2017 – el mismo año en que llegó Ashely – el estado de Oregon empezó a otorgar fondos para mejorar los resultados de estudiantes de inglés en Ontario. 

El gobierno federal garantiza que los estudiantes de inglés reciban el apoyo que necesiten para ser exitosos en la escuela. En los distritos como Ontario, donde los estudiantes de inglés constituyen un amplio porcentaje del alumnado, proteger este derecho se convierte en un especial desafío de logística. 

El programa que tiene el distrito para el aprendizaje de inglés incorpora a 334 estudiantes, o alrededor de 14% del alumnado, y muchos de estos estudiantes también forman parte del Programa de Educación Migrante de Ontario. Este programa representa alrededor de una tercera parte del alumnado. 

Los estudiantes califican para el Programa de Educación Migrante si sus familias cambiaron de distrito escolar en cualquier momento de los últimos tres años para buscar trabajo agrícola. El 62% del distrito es de ascendencia hispana, y muchos de los estudiantes de inglés nacen en los Estados Unidos con papás inmigrantes. Otros, como Ashely, son inmigrantes ellos mismos. 

Otros más vienen de familias de refugiados atraídas a Ontario por su acceso a vivienda asequible, que es mayor que en las ciudades costales como Portland o San Diego. La mayoría de los estudiantes de inglés hablan español como su lengua materna, pero otros estudiantes hablan somalí o árabe. 

El reto del lenguaje se complica más por las altas tasas de pobreza que hay en Ontario. Todos los estudiantes del distrito reciben su desayuno y almuerzo gratis. 

Sin embargo, el enfoque de Ontario en los estudiantes de inglés dio sus frutos, según los datos del estado. Su índice de graduación mejoró de un 48% en 2010 a un alto de 81% en 2018. El índice del distrito sigue consistentemente arriba del índice del estado de Oregon.

Los maestros y administradores identifican varios métodos que han sido claves para sus éxitos. Uno es una cultura escolar que valora la conectividad entre el personal de la escuela, el alumnado, y la comunidad. Después hay una pedagogía consciente del lenguaje, que lo centra en todos los áreas de instrucción. Ahora los maestros dirigen todas sus lecciones con el objetivo de mejorar las capacidades lingüísticas de sus estudiantes.

Este giro pedagógico requería horas de entrenamiento para 175 maestros y otro personal del distrito. Aprendieron a enseñar de una forma más interactiva que hizo el aprendizaje de la lengua más dinámico. 

“Es cierto que uno puede aprender por escuchar, pero en realidad no quieres una clase en que la maestra hable todo el tiempo y los estudiantes están solamente escuchando,” explicó Steve Wyborney, el coach de matemáticas del distrito. “El mero acto de expresarse lingüísticamente es un acto de pensar.” 

Los administradores de Ontario caracterizan estas lecciones como giros esenciales que el distrito dio para mejorar su servicio a los estudiantes de inglés. Estos ajustes crearon una nueva compasión para las batallas que los estudiantes de inglés enfrentan en el aula, mientras también capacitaron a los maestros para que hicieran algo al respecto, incorporando las técnicas de aprendizaje de lenguaje a sus lecciones sin importar el área de estudio.  

Ontario es reconocido como líder en la enseñanza de inglés por la Coalición de Administradores de Escuela de Oregon. 

“Mientras los números (de estudiantes de inglés) crezcan en otros distritos del estado, le miramos (a Ontario) para enterarnos de cómo sería tener una población que es mayormente de personas de minorías étnicas,” dijo Colin Cameron, el director de aprendizaje profesional del grupo. “Ellos han trabajado muy duro para mejorar la asistencia a la escuela y los índices de graduación, así que les miramos para comprender cómo eso ha pasado. Son un buen recurso para los demás distritos.” 

Todo eso se interrumpió cuando el Covid le pegó al Condado de Malheur hace un año. 

 El año pasado, Ashely formó parte del equipo de porristas, una experiencia que le dio muchas chances de practicar su inglés. Este año, el Covid imposibilitó que el equipo se reuniera. (Liliana Frankel/The Enterprise)

El Covid suma más retos

La pandemia representó un desafío primordial para los estudiantes de inglés. El aislamiento que tocó a todos al principio les separó de los contextos de inmersión donde antes habían tenido el chance para practicar su inglés de forma diaria. 

Pero antes de que el personal del distrito podrían empezar a luchar contra la pérdida de aprendizaje que la pandemia conllevaba, tenían que enfrentarse con otras preocupaciones. Con los días de escuela cortados, los administradores no podían dar por hecho que sus estudiantes tendrían cómo conectarse al internet ni hasta cómo comer tres veces al día.

Por eso, cuando las escuelas se cerraron, el entregar sus comidas a los estudiantes tuvo prioridad sobre todo, dijo Anabel Ortiz Chavolla, la directora de programas federales en Ontario. 

“Sabíamos que si solamente tuviéramos sitios para recoger comida, nuestros estudiantes no podrían venir, porque sus papás estarían trabajando, o quizás no tengan autos,” ella dijo. “Entonces dividimos la ciudad en secciones y cargamos nuestros vehículos con comida y seguimos a las rutas del bus.” 

Mientras la pandemia seguía, Ontario desarrolló un sistema de mayor eficiencia para que los conductores de bus entregaran las comidas, permitiendo que los administradores, como Ortiz Chavolla, regresaran a sus trabajos. El servicio siguió durante el verano y las vacaciones escolares.

Ahora que algunos estudiantes han regresado a la escuela a tiempo completo, se entrega la comida suficiente para una semana a los que siguen en casa todos los viernes. 

Los administradores también se dieron cuenta de que muchos de sus estudiantes vivían en casas que no tenían ni computadora ni Internet – o porque la familia no pagaba el servicio, o porque el servicio no se extendía a las partes más remotas del distrito. 

Para resolver ese problema, los administradores de Ontario usaron fondos para comprarles Chromebooks a todos los estudiantes. Después siguió un esfuerzo para comprarles acceso al servicio de cable a las familias sin una conexión al Internet. Y para los áreas donde no alcanzaba el servicio de cable, el distrito contrató un servicio de satélite. 

En los lugares donde la velocidad del servicio de cable era demasiado lenta para el trabajo escolar, el distrito proveía hotspots – uno para cada hermano de la familia que necesitaba ver sus clases por streaming. 

Para Ashely, una conexión de internet pausada puede dificultarle la comprensión de sus lecciones. Mientras la mayoría de los estudiantes de Ontario Middle School, donde ahora estudia octavo, han regresado para aprender en persona, Ashely y sus papás decidieron que ella seguiría aprendiendo en línea porque su asthma la vulnera frente al Covid. 

“Los maestros hablan a veces rápido y no les entiendo mucho,” dijo en una entrevista. “El internet ha ido muy lento y se traba mucho.”

Este contexto le es importante a Xochitl Fuhriman-Ebert, la maestra que ve a Ashley cada dos días para su clase de desarrollo de inglés.  

“A veces como maestro uno piensa, ‘Ay, ¡me colgaron! Pero no es eso,” ella dijo. “Les apaga la computadora o los bota del programa.”

 

Anabel Ortiz Chavolla, la directora de programas federales para el distrito escolar de Ontario, fuera del edificio del distrito. (Liliana Frankel/The Enterprise)

Las clases en línea

Eventualmente, Ontario logró conectar casi todos sus estudiantes con servicios de Internet, pero el proceso fue lento y la espera muchas veces desesperaba a los estudiantes, quienes no tenían cómo acceder a sus clases sino por sus teléfonos.

“Tenemos a estudiantes que no participaron en ese último trimestre desde marzo hasta el fin del año escolar,” dijo Fuhriman-Ebert. “Hablábamos con ellos todas las semanas y documentábamos con quién hablábamos: un papá, un niño, una mamá, con quien fuera. No estábamos enseñando nada nuevo. Estábamos repasando, cómo usar Google Meets. Eso es lo que ha sido prioritario durante la pandemia.” 

Habían otras pérdidas también, más pequeñas pero todavía dolorosas. 

Para razones de equidad, los estudiantes no son obligados a prender sus cámaras para mostrarse mientras asisten a sus clases virtuales. Pero Fuhriman-Ebert “habla con las manos.” Usa un lápiz labial color rojo todos los días para que sus estudiantes vean su boca claramente y escuchen bien las palabras.

Por meses enteros, ella era el único elemento visual en línea, salvo durante los breves momentos al principio y al fin de la clase cuando los estudiantes prenderían sus cámaras para saludar. 

Enseñar a una pantalla de iconos estáticos le fue difícil, dijo ella, y perdió el chance de leer las reacciones de sus estudiantes, de juzgar mediante sus expresiones si entendían o no el material. 

Mientras el distrito cambiaba a tener sus clases más grandes durante la pandemia, poco a poco los estudiantes perdían el tiempo para hablar que antes disfrutaban. 

“Ha sido un desafío para todos los maestros con estudiantes que aprenden mejor visualmente o por hablar sus ideas,” dijo Fuhriman-Ebert. “Si batallan escribiendo, entonces no necesariamente será posible escuchar sus respuestas como antes, y no porque los maestros no quieran, sino porque las clases son tan grandes.”

Ashely es de los estudiantes que batallan escribiendo y preferirían hablar. 

Dijo que si se le pide teclear una respuesta en el chat de Zoom, “Ahí despierto el micrófono y lo digo.”

Pero Fuhriman-Ebert dijo que valora la participación de Ashely, aún cuando rompa con el formato de la clase.

“Ashely tiene esta iniciativa de aprender,” dijo la maestra. “El año pasado vimos eso bastante. Si no sabe algo, pregunta, ‘¿Puedo responder eso en español?’ Porque quería que supiéramos lo que estaba pensando ella.”

La enseñanza no fue el único elemento que tuvo que dar un giro en las escuelas. A los maestros y administradores la pandemia les presentó más retos sociales de lo normal con sus estudiantes.

“El estrés viene de diferentes lugares: de un padre que pierde su trabajo, de varias familias juntándose todas en una sola casa. En mi mente, un estudiante de desarrollo de inglés exitoso sería un estudiante que tiene muy poco estrés,” dijo Ortiz Chavolla. “También, asegurar que los estudiantes se sientan seguros, y que no tengan que preocuparse por la inseguridad de desde dónde vendrá su próxima comida. Sé que primero tenemos que cuidar el bienestar del estudiante, y después ocuparnos de su aprendizaje.” 

“Eso no te hubiera dicho hace un año,” añadió. 

 

Xochitl Fuhriman-Ebert mira la colección de pantallas que ha llegado a dominar su escritorio en Ontario Middle School. (The Enterprise/Liliana Frankel)

Un sentido de pertinencia

Lisa Longoria, la directora de Ontario Middle School, dijo que “es vital que entendamos que los estudiantes necesitan sentir un sentido de pertinencia dentro de nuestra comunidad escolar. Necesitan saber que nosotros nos preocupemos por ellos como individuos antes de que nosotros podamos esperar que se preocupen por sus clases.” 

Este giro, desde una evaluación de los aprendizajes de los estudiantes hacia un monitoreo de su bienestar, significa que los maestros y staff de Ontario priorizan las relaciones. 

Cada maestro del distrito escolar tiene un número de Google Voice para mensajear y llamar a los estudiantes y sus familias. Para los papás que no hablan ni inglés ni español, hay el Language Line, un servicio de interpretación que permite que los maestros se comuniquen en directo con ellos. Y como muchos de los maestros de Ontario, Fuhriman-Ebert mantiene un horario riguroso de visitas caseras a sus estudiantes. Intenta ver a cada familia regularmente para una taza de té o una plática larga. 

“Las relaciones son esenciales, porque una vez que conozcas a la familia y te conozcan a ti, después todas las puertas se abren,” dijo Ortiz Chavolla. “Quizás ahora te cuenten necesidades que de otra manera no te habrían contado.” 

Estas relaciones han revelado problemas que de otra manera quedarían escondidos. 

Por ejemplo, los estudiantes de inglés no estaban acostumbrados a pasar tanto tiempo en la computadora sin supervisión. Fuhriman-Ebert se enteró que a sus estudiantes a veces les dificultaba seguir el hilo porque no podían escribir lo suficiente rápido. 

Y Ortiz Chavolla descubrió que algunos estudiantes de inglés creían muy difícil utilizar el trackpad de sus Chromebooks. Entonces les regaló ratones de computadora en vez de eso. 

Los estudiantes de las primarias y la secundaria retomaron sus clases normales en febrero, mientras en el colegio todavía ofrecen solamente parte de su horario de clases en persona. 

De por mientras, los maestros siguen adaptándose y encontrando formas de seguir adelante con el éxito que ya vieron con las tasas de graduación para los estudiantes de inglés. 

Ashely dijo que sus maestras, por ejemplo, intentan ayudarle en línea aún mientras manejan sus clases en persona. 

“Para mí, es un momento en que Ashely realmente brilla cuando ella sigue tan preocupada por su vida académica,” dijo Fuhriman-Ebert. “A pesar de sus retos de ser botada del Internet o que el internet sea lento, ella sigue aquí. Ella viene a la clase todos los días y nos pide ayuda.”

La mamá de Ashely dijo que está orgullosa de la perseverancia de su hija. 

“Yo veo que en sí, trata de echarle ganas, aunque a veces se enoja,” dijo Maldonado. “(Que ella aprenda inglés) le abriría mas puertas en la forma de trabajo y todo. Le abriría mas puertas a tener un mejor futuro para ella.”

¿Tiene Ud. una idea para una historia? O tiene un comentario sobre nuestra cobertura en español? Se puede contactar con la reportera Liliana Frankel por su correo electrónico, [email protected] o por su teléfono o Whats, 267-981-5577.

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